16 de enero de 2013

El copyright y yo, parte II*

Bilbo por Hanogan en Deviantart

  • 1937: Se publica la novela El Hobbit, de John Ronald Reuel Tolkien.
  • 1985; Tras haber devorado El señor de los anillos, cayó en mis manos la traducción de Minotauro de El Hobbit . Subí a mi cama y leí sin parar toda una tarde hasta terminarla. Estaba nada más ni nada menos que leyendo la historia que dio origen a todo, al Libro Rojo de la frontera del Oeste, la historia que Bilbo, influido por el anillo, había tergiversado. Los pocos detalles aniñados me importaban poco: allí estaban los trolls petrificados, la daga Dardo, elfos, trasgos, huargos. Consulté el mapa (bastante inútil) que viene con el libro. Traduje las runas del título. Nada nuevo, un fan más. Uno que, como tantos otros, fantaseaba con la versión filmada de su obra favorita.
  •  2012: Este fan más va por la calle y se encuentra con el cartel de la película El Hobbit. Abajo, en letra chica, dice lo siguiente (sacado del sitio oficial del Hobbit):




¿LO QUÉ?

En la entrada pasada comenté el estado del copyright, con sus dichosos 70 años post mortem. Del estado de las marcas, poco sé. Pero de ese poco, sé que con las marcas y con las patentes pasa lo mismo que con el copyright: se han ido de madre. Cualquiera patenta o registra cualquier cosa.

Nuevamente, como con el copyright, entiendo y apruebo: si vendo zapatillas Popper, no quiero que otro venda otras con el mismo nombre. Las marcas me dan la posibilidad de protegerme de los imitadores. El copyright, por su parte, sirve para evitar que otro reescriba El señor de los anillos cambiando el nombre de Frodo por el de Fernando, y diga que es su obra.

Pero pero pero ¿marca registrada los nombres de los personajes, los eventos (?), items (¿la daga Dardo?), los lugares? ¿De qué diantres hablan estos percebes?

Nuevamente: no sé cuál es el alcance de una marca registrada. Pero, si el nombre de los enanos de El Hobbit es marca ¿significa que no puedo hacer mi propia representación de los personajes y rotularlas con su nombre? Nombres que, dicho sea de paso, Tolkien tomó de la mitología nórdica, es decir, del dominio público. (¿Se imaginan si, cuando Cecil B. DeMille hizo Los diez mandamientos, la Paramount hubiera dicho que los nombres de Yahvé y Dios eran marca registrada?) ¿No puedo escribir un cuento protagonizado por Gandalf porque el nombre es marca? Y si no es esto ¿qué cuernos significa, qué buscan, qué pretenden? ¿De qué se cubren, contra qué van?

Por si acaso, señores Saul Zaentz Company, Middle-earth Enterprises y New Line Productions, Inc., permítanme que los agarre de las solapas y les aclare: Gandalf es mío. Y Bilbo. Y los ents, huargos, la cota de malla de mithril, los orcos, Saurón, Smaug. Todos míos. Crecieron en mí cuando leí unos libros maravillosos que me sugerían su apariencia, pero que yo completé a gusto. Llevo en mi cabeza a mi propio Gandalf, y no tiene la cara de Ian McKellen. Así que no se metan con MI Gandalf, que precede al de ustedes por más de un par de décadas. Agradezcan que no les hago juicio.

Ganas de molestar al prójimo que tienen algunos...



*O para ser más exacto, la propiedad intelectual y yo. Pero no iba a privarme del título.

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